En lo profundo, el disco de la banda peruana Camino de Vida
octubre 16, 2017
Jesús Salva, la nueva canción de Marcos Witt y Un Corazón
octubre 17, 2017
Mostrar todo

El anciano: Tommy Hicks

En 1952, Tommy Hicks se encontraba dirigiendo una serie de predicaciones en Florida cuando tuvo una visión.

  • Yo estaba en medio de una oración cuando vi con mucha claridad un mapa de américa del sur que estaba cubierto por un extenso campo de trigo amarillo, los tallos inclinados y listos para la cosecha, era hermoso, se mecían bajo el sol de mediodía. Luego los tallos se convirtieron inesperadamente en personas; hombres y mujeres con las manos en alto. Ellos me hablaban y me decían “Por favor venga hermano Hicks, ayúdenos”

Desde ese momento estuvo convencido de que Dios le había dado esta visión para realizar una tarea especial en América del Sur. La pregunta que rondaba la cabeza de Hicks era “¿Por qué en América del Sur?”. Él no tenía ningún conocimiento sobre esa región del mundo; pero en su corazón no tenía duda respecto al mapa que había visto.

Luego, mientras seguía orando, Dios le dio una profecía que escribió en la Biblia: “Porque no caerán dos nevadas sobre la tierra antes de que vayas a ese país, porque no irás por el mar ni por tierra, sino que volarás como un pájaro.” Esto fue confirmado tres meses después, en Red Bluff, California. Después de una campaña evangelística, la esposa del pastor donde se encontraba, dirigía en oración, alargó su mano hacia Hicks y repitió las mismas palabras de su profecía.

Hicks no le había confiado a nadie su visión ni la profecía que había recibido. Tan pronto como le fue posible, Tommy Hicks pagó todas sus deudas e hizo los preparativos necesarios para viajar a sur américa. Tenía muy poco dinero, pero de repente comenzó a recibir una cantidad extraordinaria de ofrendas, gran parte de la cual contenía contribuciones espontáneas.

En diez días tuvo lo suficiente para comprar un boleto de ida a Buenos Aires, Argentina, y le quedaron 47 dólares. Un grupo de amigos fue a despedirlo al Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, entregándole un donativo de 200 dólares más para sus gastos.

  • Cuando me detuve a pensar — dice Hicks —, me pareció verdaderamente absurdo que estuviera en camino hacia un país desconocido, donde la gente ni siquiera me conocía y cuyo idioma yo no hablaba.

Durante todo su viaje tuvo gran paz porque sabía que Dios lo respaldaba, de repente empezó a rondar su cabeza el nombre de Perón; pero él no tenía ni la menor idea de lo que significaba la palabra “Perón”. Entonces llamó a la azafata y le preguntó:

  • ¿Conoce usted a alguien por aquí que se llame Perón?

La joven impactada por la pregunta le dijo:

  • Sí. El señor Perón es el presidente de Argentina.

Luego de esta respuesta comprendió que tenía que hablar con el presidente. Los misioneros con quienes se puso en contacto al llegar a la capital argentina le aconsejaron que no tratara de obtener una entrevista con Perón. Dudaban mucho que se la concedieran.  Temían que con sólo aproximarse al despacho del presidente, correría el peligro de ser arrestado y enviado a la Tierra del Fuego, el equivalente de Siberia para los argentinos.

Luego de un tiempo, Hicks solicitó una entrevista con Juan Domingo Perón y luego de insistir en su petición, fue recibido en el despacho del ministro de Relaciones Exteriores y Culto; pero al parecer no pasaría de allí. Perón no podía recibir más visitantes ese día porque esperaba la visita del presidente de Panamá. Entonces el secretario del ministro de Relaciones Exteriores y Cultos entró cojeando a la oficina. Tenía la pierna izquierda amoratada y sus músculos rígidos. También se le había hinchado mucho la rodilla, y pidió permiso para irse a casa.

Al ver esto pensó que sería la oportunidad para oraran por él. Entonces el secretario se burló de él

  • Aunque estuviera aquí el mismo Jesucristo no podría curarme la pierna.

Tommy Hicks dio unos pasos hacia el hombre, se arrodilló y puso sus manos sobre la rodilla enferma. Luego oró, pidiéndole a Dios que manifestara su poder. Sintió que los músculos comenzaban a aflojarse. El secretario abrió mucho sus ojos, lleno de asombro. ¡El dolor había desaparecido!

  • ¿Puedo ver ahora al presidente? Preguntó Hicks

 

  • Yo mismo lo voy a llevar. Respondió el ministro.

 

El presidente Perón se mostró cordial y abiero. Hacia el final de la entrevista le dio un abrazo a Tommy Hicks, le agradeció sinceramente su visita y oraron juntos. A continuación Perón le ordenó a su ayudante que le concediera a Hicks lo que pidiera. La primera petición que hizo y le concedieron fue el uso de un gran estadio (Club Atlanta – Club Huracan).

También un libre acceso a la prensa y la radio del gobierno. La gran campaña de Hicks. Ciertos estudios sobre la iglesia en Argentina han demostrado la importancia decisiva que tuvo la campaña de Tommy Hicks en 1954, no sólo para los pentecostales, sino para todas las demás iglesias que colaboraron en las reuniones.

 

Laura Dacchiardi